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La primera etapa de semillero y almácigo es fundamental para el éxito futuro del cultivo, razón por la cual requiere especial cuidado y atención. Los semilleros y almácigos se deben establecer fuera del cultivo de parchita, para evitar que las plagas y enfermedades afecten las plántulas que van a sembrarse en el próximo cultivo (Tamayo y Morales, 1999). Tanto el semillero como el almácigo deben ubi­carse cerca de la casa, donde haya una buena disponibilidad de agua, buena ai­reación, iluminación, fácil acceso y acarreo cercano al sitio definitivo (Castro, 2001).
Los semilleros pueden construirse en adobes sobre el suelo o en bandejas plásti­cas, cuando se van a sembrar pocas plántulas (Tamayo y Morales, 1999). Los almácigos se deben colocar en soportes, para evitar que las raíces entren en contacto con el suelo y se reduzcan los ataques de insectos y enfermedades (Cas­tro, 2001). Los semilleros y almácigos se construyen con un ancho máximo de 1 m y la longitud depende del área a sembrar y de la disponibilidad de terreno.
Para la preparación del sustrato que se va a utilizar en semilleros y almácigos, se recomienda la mezcla de tierra, arena y materia orgánica, con el fin de obtener plantas vigorosas en el menor tiempo posible (Cardona y Bernal, 1993). Tamayo y Morales (1999) recomiendan para el germinador una parte de tierra por una de arena y para el almácigo 4 partes de tierra, 2 de arena y una de materia orgánica. La tierra para el almácigo debe proceder de un lote que no haya sido cultivado antes con parchita; la fuente de materia orgánica debe estar bien descompuesta para evitar que se quemen las plántulas,.y la arena debe estar lavada.
Las enfermedades en los semilleros y almácigos son causadas por organismos que normalmente habitan en el suelo, al igual que algunas plagas y la gran mayoría de las malezas, razón por la cual, el suelo debe desinfectarse.
El tratamiento químico se realiza con Dazomet (Basamid), humedeciendo el suelo con anterioridad para garantizar el efecto del producto. Luego, se espolvorea el suelo con 40 a 60 g/m2 de producto comercial. El suelo se revuelve, se mezcla bien con el producto y se tapa con plástico durante 10 días; transcurrido éste tiempo, el suelo se destapa, se revuelve y se deja destapado durante 15 días, para proceder a utilizarlo en el semillero o para llenar las bolsas del almácigo (Castro, 2001).
El tratamiento físico mediante solarización húmeda, consiste en colocar el suelo en eras de 10 a 20 cm de alto por 1 m de ancho y el largo que se requiera, luego se humedece a capacidad de campo y se cubre con plástico transparente calibre 2 ó 4, sellando toda la era. Se debe ubicar en un sitio donde se garantice exposición solar constante. El suelo debe permanecer con el plástico durante 20 días en épocas de verano y 30 días en épocas de invierno. El suelo a tratar se debe colocar sobre un plástico para evitar el contacto con el piso y la pérdida de humedad del suelo. La solarización hú­meda, además de controlar malezas, insectos y hongos dañinos presentes en el suelo, favorece la presencia de hongos benéficos como Tríchoderma sp. (Tamayo, 1999).
El uso de agua hirviendo es otra alternativa para la desinfección del suelo del semi­llero (Comisión Nacional de Fruticultura, 1996).
La siembra de las semillas se puede realizar directamente en bolsa o en semillero (Bernal, 1990). Independiente del método, las semillas se deben remojar en agua durante 24 horas antes de la siembra, con el fin de acelerar el proceso germinativo. La siembra en bolsa permite ahorrar mano de obra y obtener plántulas para el transplante definitivo en menor tiempo; sin embargo, las plántulas presentan un desarrollo desuniforme, mayor susceptibilidad al ataque de plagas y enfermeda­des y un porcentaje importante de plántulas no deseables. Se recomienda sem­brar 2 ó 3 semillas por bolsa, para ralear después de la germinación y dejar la más vigorosa.
La siembra en semillero ofrece mayor uniformidad, se aprovecha un mayor nú­mero de plantas y permite obtener un material para la siembra más vigoroso. Las semillas se siembran en surcos de 2 cm de profundidad, separados cada 5 cm; las semillas se colocan separadas y se cubren ligeramente con la tierra mezclada (Castro, 2001). Es recomendable mantener húmedo el suelo y tapar el semillero con mallas, costales o helecho seco para evitar la acción directa del sol, pérdida de humedad, pérdidas por acción de los pájaros y presencia de malezas durante el proceso de germinación (Tamayo y Morales, 1999). Las semillas germinan en­tre 12 y 20 días después de la siembra, por Io cual se recomienda, a partir del día 10, observar la germinación para retirar la cobertura en el momento oportuno (Castro, 2001). Cuando hayan alcanzado 7 cm de altura, se seleccionan las mejo­res plántulas para transplantar a las bolsas.
Para el transplante de las plántulas a la bolsa, el suelo del semillero se debe hu­medecer lo suficiente para facilitar la extracción y no causar heridas a las raíces. Se seleccionan aquellas plántulas que tienen un buen sistema radical (raíz pivotante larga y raíces secundarias completamente sanas), eliminando plántulas que presenten raíz deforme, especialmente con el problema denominado 'cola de marrano' (Tamayo y Morales, 1999). Se recomienda utilizar bolsas 'cafeteras' de 15 x 25 ó 15 x 28 cm para un mejor desarrollo de las plantas en el almácigo, ya que el uso de bolsas pequeñas (15 x 21cm) deforman las raíces (Bernal y Tamayo, 1999).
Para transplantar a las bolsas, se forma un hueco adecuado para que las raíces queden bien acomodadas y se introduce la planta en la bolsa, procurando que las raíces queden bien distribuidas y el cuello cubierto y a nivel de la superficie de las bolsas. Las bolsas se colocan a razón de 4 a 6 hileras de bolsas por mesa de 1 M de ancho, con el fin de que haya buena aireación e iluminación entre las bolsas y prevenir el ataque de plagas y enfermedades. Las bolsas no se deben regar en exceso y deben mantenerse libres de malezas. Entre 8 y 15 días después del tras­plante a la bolsa, es aconsejable agregar 15 g/bolsa de un producto comercial a base de micorrizas, debido a que con la desinfección del suelo estos organismos benéficos también son eliminados.
Cuando hayan transcurrido 30 ó 40 días después del transplante a bolsa, las plan­tas estarán listas para ser llevadas al campo. Según Castro (2001), el mejor indica­dor del momento óptimo para llevar las plantas a sitio definitivo es el inicio del desarrollo de los zarcillos.