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Los métodos de propagación asexual o vegetativa conocidos tradicionalmente en parchita o maracuyá, son por estaca y por injerto, pero recientemente se adelantan estudios para la propa­gación "In-vitro" (Castro, 1997). La propagación por estacas es la forma más común de propagación vegetativa, aunque ha presentado serias restricciones por la difi­cultad de enraizamiento. El sistema por injerto tiene ventajas comparativas fren­te al método anterior, ya que favorece el uso de variedades resistentes a enferme­dades o a ciertas condiciones climáticas adversas.
1. Propagación por estacas de la parchita
Las estacas a utilizar deben proceder de plantaciones de 2 años de establecidas y ser seleccionadas de diferentes plantas que presenten un buen desarrollo, vigor, alta producción y buen estado fitosanitario, con el fin de conservar estas caracte­rísticas (Bernal, 1990). Las estacas para la propagación deben proceder de ramas maduras, medianamente lignificadas, de 30 a 40 cm de longitud, con 3 ó 4 yemas vegetativas sanas, bien formadas, y entrenudos no muy largos (Castro, 2001). El corte debe hacerse con tijeras podadoras, el inferior en forma horizontal, 3 ó 4 cm por debajo de una yema y el superior oblicuo, 345 4 cm por encima de otra (Bernal, 1990).
Las estacas se deben desinfectar en una solución que contenga fungicida y tra­tarse con hormonas de enraizamiento. Ruiz (2001), utilizando estacas basales de parchita sumergidas en Acido Naftalen Acético (ANA) 150 ppm y adicionando Bencil Amino Purina (BAP) 250 ppm, obtuvo enraizamientos hasta del 50%. Castro (2001) menciona que la inmersión en una solución de Acido indolbutírico (AIB), en concentraciones de 2.000 a 5.000 ppm durante 5 segundos, asegura un alto por­centaje de prendimiento.
La siembra de las estacas debe hacerse antes de 48 horas de haberlas extraído de la planta madre, para evitar su deshidratación (Bernal,1990). La siembra se hace en bolsas de polietileno (tipo cafetera) con un suelo previamente desinfectado, a una profundidad de 4 ó 5 cm, ajustando la estaca en la base, de manera vertical y con abundante riego. La siembra también puede realizarse en semilleros con una mezcla de suelo y arena, a una distancia de 10 cm y siguiendo las mismas prác­ticas utilizadas en la siembra en bolsas (Polanía, 1983). Las estacas deben perma­necer bajo la sombra durante los primeros días (Comisión Nacional de Fruticultura, 1996).
Las plántulas estarán listas para ser llevadas al campo, cuando tengan una altura entre 40 y 50 cm aproximadamente, 50 ó 60 días después de la siembra (Bernal, 1990).
2. Propagación por injerto de la parchita
Holguín y Posada (1990) encontraron tres especies silvestres con resistencia a la `secadera' (Nectría haematococca Merc.), enfermedad que constituye actualmente la mayor limitante del cultivo: Passiflora maliforrnis L. var.pubescens;  Passiflora ambigua Hensl; y  Passiflora serrutata Jacq. A pesar de que P. maliforrnis es prácti­camente inmune al hongo, no se recomienda como patrón útil para P. ligularis, debido a la alta susceptibilidad que presenta a nemátodos del género Meloidogyne (Bernal, 2001). P. ambigua es altamente resistente al patógeno, es longeva (dura de 25 a 30 años), rústica y de un excelente vigor de planta, características que la convierten en la especie más promisoria para programas de mejoramiento utili­zándola como patrón (Holguín y Posada, 1990). Aunque P. serrulata también es resistente a 'secadera', es una especie que proviene de tierras muy calientes y secas, lo que generaría dificultades de adaptación en las condiciones agroecológicas en que se cultiva la parchita. Con el fin de superar limitaciones climáticas, se adelantan procesos de investigación injertando la parchita sobre un patrón de maracuyá ( Passiflora edulis) (Comisión Nacional de Fruticultura, 1996). En el sis­tema de propagación por injerto se utilizan métodos de púa en hendidura, púa terminal y de yema.