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Desde cuando se comprobó la naturaleza parasitaria de las enfermedades en plan­tas y se estableció la fitopatología como ciencia, han existido muchas definiciones y conceptos sobre las enfermedades en plantas. Durante el periodo denominado etiológico, se le dió mayor importancia al agente causal; la enfermedad fue con­fundida con el propio patógeno y la planta fue considerada como una entidad pasi­va. Posteriormente se demostraría que los factores del medio modificaban comple­tamente la manifestación de la enfermedad; se dió inicio así al periodo ecológico, durante el cual se consideró que la enfermedad era resultante de una interacción entre la planta, el agente causal y el medio. El concepto de enfermedad llevó a muchos fitopatólogos a limitar el concepto de enfermedad sólo para aquellas que representan importancia económica. Stakman y Harrar (1957), citados por Galli et al. (1978), definieron la enfermedad como un "desorden funcional o una anor­malidad constitucional que es perjudicial para la planta o alguna de sus partes o productos, reduciendo su valor económico".
La enfermedad es un proceso dinámico en el cual un hospedero y un patógeno, en íntima relación con el medio, se influyen mutuamente, de lo que resultan modifi­caciones morfológicas y fisiológicas (Galli et al., 1978). Este concepto excluye las llamadas enfermedades de causas abióticas, para lo cual es más aconsejable em­plear el término 'daño'.
1. Enfermedades causadas por hongos en parchita
1.1 Damping-off ó sancocho: Pythium sp. y Rhizoctonia sp.
El damping-off es ocasionado por un complejo de hongos habitantes naturales del suelo Pythium sp. y Rhizactonta sp. (Tamayo et al., 1999).
La enfermedad ha sido diagnosticada con mayor frecuencia en semilleros que en almácigos de parchita. Se puede presentar en semillas (preemergencia), ocasio­nando la pudrición de las mismas y reduciendo la germinación. En plántulas (postemergencia), el damping-off ocasiona retraso en el crecimiento y muerte repentina (Tamayo y Morales, 1999).
La afección se localiza en el cuello de las plántulas, produciendo necrosis y es­trangulamiento del tallo (Tamayo et al., 1999).
Estos hongos son habitantes naturales del suelo, por lo cual su control debe ser preventivo, mediante el tratamiento químico o físico del suelo. Cuando la enferme­dad se presenta en semilleros, después de la emergencia, se recomienda eliminar las plántulas afectadas y la aplicación de Previcur N (Propamocarb) en dosis de 1 cc/1 ó Derosal (Carbendazim) en dosis de 0,5 cc/I, dirigido a las calles, entre los surcos de las plántulas (Tamayo y Morales, 1999).
1.2 Secadera, pudrición seca de la raíz, pudrición del cuello: Nectria haematococca Berk
El agente causal de la enfermedad es Nectria haematococca Berk & Br, especie fungosa perteneciente a la clase Ascomycetes (Londoño et al., 1989), cuyo estado anamorfo es Fusaritun solani (Mart) Sacc, perteneciente a la clase Deuteromycetes.
La `secadera' de la parchita es la enfermedad más importante del cultivo en Co­lombia, debido al tipo de daño causado y puede llegar a ser endémica en una región si no se toman medidas preventivas (Bernal, 1999). En 1996, la `secadera' había devastado 400 ha de parchita en la zona de Urrao (Antioquia) y 200 más se encon­traban en proceso de eliminación (Tamayo y Varón, 1996).
La infección se presenta en plantas en diferentes estados de desarrollo, siendo igualmente severa en plantas viejas y jóvenes (Tamayo y Varón, 1996). Los prime­ros síntomas se presentan en plántulas de 20 a 30 días después de emergidas: la plántula detiene su desarrollo y se desprenden las hojas más viejas. En el sitio de inserción de la hoja desprendida se observa una necrosis de color marrón que con el tiempo crece y avanza de manera ascendente, cubriendo parcialmente el tallo. Las hojas afectadas presentan una quemazón sistémica de color café claro, que se extiende a lo largo de las nervaduras causándole la muerte. Cuando la necrosis cubre todo el tallo ocasiona clorosis, marchitez de hojas y muerte generalizada de la plántula (Tamayo, 1999).
En plantas adultas, la enfermedad se localiza principalmente en el cuello de la raíz, afecta la corteza, tapona los haces vasculares e impide el paso de la savia; luego se extiende a las raíces y ocasiona una fuerte marchitez de las hojas, un arrugamiento de frutos y, finalmente, la muerte de la planta (Bernal, 1990). En estados avanza­dos se aprecian los cuerpos fructíferos del hongo como puntos diminutos de color rojo intenso, los cuales al ser desprendidos por la lluvia, infectan otras plantas (Berrio y Viví, 1997).
El hongo es un habitante natural del suelo y su desarrollo se ve favorecido por la alta humedad presente en la zona adyacente a la base del tallo, por tierras mal drenadas (suelos arcillosos) y por la presencia de heridas en la base del tallo o las raíces. Los nemátodos como Meioydogyne y Pratyienehus sp. predisponen la planta al ataque de la enfermedad (Berrio y Viví, 1997). La invasión se realiza en el xilema, por crecimiento del micelio y formación de microconidias que son llevadas con la savia en la translocaión normal, presentando bloqueo y taponamiento de vasos y
formación de enzimas y toxinas. Una vez muere la planta, el hongo coloniza la cor­teza y esporula.
El hongo puede sobrevivir por mucho tiempo en el suelo y en residuos de cosecha; no obstante, para poder infectar y colonizar requiere heridas, las cuales pueden ser causadas por cuarteaduras naturales de la corteza, insectos, nemátodos o por el hombre durante las labores culturales (Tamayo y Varón, 1996).
Las principales fuentes de inoculo y medios de dispersión son el suelo infectado y plántulas de vivero enfermas llevadas al campo; igualmente, el hombre, a través de herramientas, botas y riego, contribuye a la diseminación del patógeno (Tamayo y Varón, 1996).
Al ser el hongo de la secadera un habitante natural del suelo, su control debe ser preventivo mediante el tratamiento químico o ffsico del suelo que va a ser usado en la preparación de semilleros y almácigos (Cardona y Bernal, 1993). Si se detec­tan los síntomas en alguna de las plántulas, éstas deben ser eliminadas y retira­das inmediatamente del sitio. Es frecuente que las plántulas tarden en manifes­tar los primeros síntomas de la enfermedad, pasando desapercibidos y favorecien­do que se lleven al campo plantas aparentemente sanas (Tamayo y Morales, 1999).
Cuando la secadera ataca las plantas adultas se recomienda eliminarlas, tratar el hoyo con un fungicida y encalar, tener cuidado con los encharcamientos y contro­lar el agua de escorrentía.
Martínez y Urrego (1995) encontraron que el hongo Trichoderma sp. (nativo) es eficiente para prevenir la enfermedad, ya que tiene un efecto sinergistico o de compatibilidad con los antagonistas presentes en un suelo solarizado. Esta prácti­ca cultural, combinada con la aplicación de Trichederma sp., es una estrategia adecuada para combatir la enfermedad en las etapas de semillero y almácigo.
Los resultados obtenidos bajo condiciones de almácigo muestran que con el fungicida Captan se obtiene el mayor porcentaje de control de la secadera (58,9%), seguido por sulfato de cobre (29,7%), Metiltiofanato (18,3%) y Procloraz (15,5%) (Acosta y Arcila, 1993).
1.3 Roña de los frutos: Colletotrichum gloeosporioides Penz. Melanconiales
La enfermedad se registró en 1991 en el Municipio de Versalles (Valle del Cauca) y posteriormente, en Roldanillo. Los análisis de laboratorio mostraron que los ta­llos colocados en cámara húmeda, se recubrieron de Ciad sp. a los 3 días. Las muestras mantenidas en nevera (4 a 10 °C) presentaron esporodoquios de color rosado pertenecientes a Fusarturrty fructificaciones similares a Colletotrichum (Bravo et al., 1993). La enfermedad se reconoció como antracnosis, asociada al hongo Colletotrichum gloeosporioldes y su estado telemórfico. La enfermedad obser­vada en Versalles es similar a la registrada en Urrao (Antioquía) por Saldarriaga (1989), sólo que los agricultores de Urrao la denominan 'roña' (Fotos 1 y 2).
Las colonias del hongo en medios de cultivo toman una coloración salmón, con numerosos acérvulos amorfos, de tamaño variable y de color negro ó castaño oscu­ro, distribuidos en forma de círculo, aunque algunos poseen en su interior setas muy largas de color castaño oscuro. El micelio es raso, de color blanco denso y se va tornando oscuro a medida que la cepa envejece. Los conidioforos son simples, elongados y hialinos, con conidias hialinas, elípticas, uninucleadas y con inclu­siones granulares (Saldarriaga, 1989).
En los frutos, las lesiones son algo hundidas, secas, de color café claro, redondea­das, de tamaño variable (entre 1-2 mm) y con acérvulos subepidermales (seme­jantes a puntos negros) que sobresalen sobre las lesiones. Estas se presentan en grupos o aisladas y, frecuentemente, se observan siguiendo el movimiento del agua lluvia sobre el fruto. Según Bravo et al. (1993), las condiciones climáticas favorables para el desarrollo de la enfermedad son las presentes en zonas de alta humedad relativa, alta precipitación y excesivo sombreamiento en el cultivo, que corresponden a zonas de bosque muy húmedo premontano o bosque muy húmedo subtropical, en las cuales se favorece la acumulación de agua sobre los órganos de la planta.
Foto 1. Estado avanzado de Colletotrichum sp. en tallo
Foto 2. Colletotrichumsp. en fruto

Resultados de laboratorio indican que los fungicidas más eficientes son: Manzate, Difolatan, Dithane m-45, Kocide 101, Sportak y Orthocide, causando inhibición to­tal en la esporulación y permitiendo sólo 26% de crecimiento micelial (Madrid, 1989). Los fungicidas del grupo de los Benzimidazoles (Benlate, Topsín y Mertec) fueron los productos que en menor porcentaje inhibieron el crecimiento micelial del hongo, en rangos comprendidos entre 41 y 55 %. Este hecho pudo deberse a la resistencia inducida por los benzimidazoles a los hongos fitopatógenos.
1.4 Mancha ojo de pollo. Quemazón: Phomopsis sp. (Diaporthales: Diaporthaceae)
Castrillón (1992) encontró la mancha `ojo de pollo' asociada con diferentes hongos que atacan estructuras florales del cultivo. Es considerado un patógeno débil con necesidad de condiciones ambientales muy específicas para infectar, pues para la diseminación del inoculo requiere alta humedad y viento fuerte.
Phomopsis sp. presenta dos tipos de conidios, ambos sin septas y producidos en conidióforos simples, conidios ovales a fusiformes y filiformes, curvos, denominados estilosporos, con picnidio oscuro, ostiolado, inmerso y globoso (Galli et al., 1980).
- Tamayo y Morales (1999) afirman que es una de las enfermedades más limitantes y de mayor prevalencia en semilleros y almácigos de la parchita. Según Castrillón (1992), la mancha `ojo de pollo' tiene su mayor incidencia en los órganos tiernos de la planta, desde hojas, tallos, brácteas y botones florales, hasta frutos en forma­ción. Las brácteas presentan una o dos lesiones hundidas, de apariencia húmeda, forma redondeada y color pardo. En el fruto pequeño las lesiones son similares; en el fruto ya formado se genera una reacción hipersensitiva que da lugar a la forma­ción de una roseta o quiste de consistencia coriácea y de color café oscuro, donde no se observan los signos de la enfermedad. Berrio y Viví (1997) indican que el tallo principal es afectado únicamente en la etapa de almácigo o siembra, durante los primeros cuatro meses de la plantación. Luego de la lesión se ocasiona un rompi­miento del tejido y trozamiento de la planta.
En las hojas el hongo produce manchas circulares (anillos concéntricos) de color castaño, un centro café claro y un amplio halo amarillo; en el centro de la lesión se destacan puntos negros (Foto 3). En estado avanzado se cae el centro del tejido afectado. El `ojo de pollo' causa clorosis generalizada de plántulas y caída prematu­ra de hojas, si no se toman medidas oportunas de control (Tamayo y Morales, 1999).
El hongo se presenta con mayor intensidad en Urrao (Antioquia) a una altura de 1.800 a 2.000 msnm, especialmente en las épocas de invierno, lo cual aumenta notablemente la caída de botones florales y frutos recién formados (Berrio y Viví, 1997). Los semilleros y almácigos también se ven afectados en zonas húmedas o en el interior de las plantaciones de parchita (Tamayo y Morales, 1999).

Foto 3. Phomopsis sp. en hoja
Es conveniente realizar podas y deshojes para mejorar la aireación y penetración de la luz (Garcés y Saldarriaga, s.f.). En cultivos afectados, se recomienda la poda de las estructuras afectadas, la aplicación de pastas cicatrizantes a base de sulfato de cobre (pasta bordelesa) y retiro y quema del material vegetal.
Para el control químico, Berrio y Viví (1997) recomiendan aplicar en épocas lluvio­sas, cada 20 días, Benomyl y Mancozeb en rotación con Daconil o Clorotalonil y Benomyl, en dosis comerciales.
1.5 Mildeos polvosos y blancos en parchita: Oidium sp. y Ovulariopsis sp. (Moniliales)
Tamayo (1999) constató la presencia de los llamados mildeos polvosos (Minn sp. Link y los mildeos blancos Duulariopsis sp. Patouillard & I Iarriod, hallazgo que le permitió establecer, por primera v z, sus principales diferencias. Las hojas afectadas por mildeo polvoso evidencian la presencia de lesiones difusas indivi­duales de forma circular y color blanco en el haz; son de tamaño variable y cuan­do coalescen cubren gran parte de la lámina foliar, cubriéndose posteriormente de una masa blanquecina constituida por las estructuras somáticas y reproductivas del agente causal. También se presentan en tallos y fruto; estos últimos se cubren de lesiones individuales, blanquecinas y estrelladas que pos­teriormente se necrosan. Los mildeos polvosos tienen micelio externo blanco; conidióforos erectos, levantados, simples; esporos unicelulares, cilíndricos, hialinos, catenulados formados basipetalmente (Tamayo y Pardo, 2000).
Las lesiones de mildeos blancos son individuales, de forma circular, colar blanco y apariencia afelpada, pueden coalescer cubriendo gran parte de la hoja, lo que ori­gina lesiones cloróticas difusas en el haz. El avance de la enfermedad se caracte­riza por un oscurecimiento de las lesiones, que cambian a color café claro . des­pués, a oscuro. Los mildeos blancos tienen micelio hemiendofitico. de densidad variable, hiponlo. hialino; conidióforos superficiales, en ángulo recto, siem­pre sin ramificaciones, con pared gruesa, esporos unicelulares, pr-:•nonunante­mente solitarios
Las condiciones favorables para el desarrollo de estos hongos se relacionan con alta humedad relativa y, en ocasiones, con períodos secos prolongados.
Las plantas tratadas con Benlate y Topsín presentaron grado 1,0 y 1,5 de severidad por mildeo blanco, respectivamente, mientras el testigo no tratado se mantuvo en el grado 3 de severidad (Tamayo y Giraldo, 2001). Los autores no recomiendan la aspersión continuada de éstos productos debido al surgimiento de problemas de resistencia del hongo.
1.6 Moho gris de los botones florales y de las flores, moho café de las flores y los frutos: Botrytis cinerea Pers ex Fr. Moniliales
La enfermedad fue registrada afectando botones y flores y causando pérdidas cer­canas al 70% de la producción (Buriticá, 1999). El llamado 'moho gris' de los boto­nes florales, también afecta frutos y es causado por el hongo Botritys cinerea Pers ex Fr. (Ocampo et al., 1993; Buriticá, 1999; Merchán etaL, 2000). Según Tamayo y Bernal (2001), la enfermedad en los frutos debería llamarse 'Moho café', por su sintomatología.
Botrytis cinerea produce gran cantidad de micelio y varios conidióforos largos y ramificados, cuyas células apicales redondeadas producen racimos de conídios ovoides, unicelulares (que se asemejan a un racimo de uvas), incoloros o de color gris o café. El hongo libera fácilmente sus conidios cuando el clima es húmedo; luego, estos son diseminados por el viento. Botrytis permanece en el suelo en forma de esclerocios o de micelios sobre restos de plantas en descomposición.
La incidencia del patógeno en campo varía entre 3 y 10% en diferentes regiones. La enfermedad se presenta en los cultivos al inicio de producción, entre 7 y 8 meses edad. Las infecciones iniciales provienen de los botones florales, sitio en el cual la enfermedad es muy severa y donde un inadecuado control ocasiona pérdi­das de estructuras florales superiores a 50%. Cuando la enfermedad se presenta en los botones florales y en los frutos, se observa un moho de color café claro que afecta los pistilos en la flor ya fecundada. En los frutos recién formados, el moho afecta el pedúnculo y la base del fruto (Tamayo y Bernal, 2001); en condiciones de alta humedad relativa, cubre totalmente el fruto. El hongo penetra a través de heridas (cicatrices florales, picaduras de insecto y cualquier daño físico). El desa­rrollo del hongo se favorece en condiciones de humedad relativa superior a 95%, temperaturas entre 20-25°C, abundante luz y exceso de nitrógeno; se desarrolla rápidamente en órganos senescentes o muertos (Tamayo y Bernal, 2001).
Arismendi y Pineda (1991) encontraron que eliminar la corona floral, entre el 8° y 12° día de haber sido fecundada, favorece el incremento en el porcentaje de parchita tipo exportación, al controlar los hongos Batrytis y Cla.dosporturn.

Para el control biológico en productos hortofruticola se han descrito diversos hon­gos: Trichoderma spp., Cordothyrium spp., Glioclachum sp., Mucor spp., Penictillurn spp., Verticillum spp. También se han evaluado algunas bacterias y nemátodos, como antagonistas de Botrytís cinerea.
1.7 Moho negro de los botones florales: Rhizopus stolontfer (Ehrenb.:Fr) Lind. Mucorales
El hongo ataca los pedúnculos y las flores desde su formación; en los pedúnculos que sostienen los botones florales ocasiona una lesión color café que avanza por la corona produciendo la caída del botón y en las flores recién abiertas se puede observar micelio color negro. En condiciones de alta humedad relativa, el hongo puede infectar todas las estructuras florales produciendo, finalmente, su caída. En estados de alta incidencia, los daños se extienden a frutos pequeños y frutos en llenado.
La enfermedad es favorecida por condiciones de lluvias continuas y temperaturas bajas. Cultivos sembrados a distancias muy cortas y con excesivo follaje favorecen el ataque del patógeno, que puede llegar a causar pérdidas totales, debido a que tumba los botones florales. La enfermedad también se ve favorecida por la presen­cia de moscas que atacan las flores, dado que las heridas son sitio de entrada para el patógeno.
La regulación de la humedad relativa, con prácticas como distancias de siembra adecuadas y deshojes periódicos que permitan la aireación del cultivo, es la más importante medida de control, al igual que para Botrytis. Como la enfermedad se asocia a la presencia de moscas de los botones florales (insectos que favorecen su diseminación), es necesario controlarlas. Para el control de la enfermedad tam­bién pueden utilizarse los fungicidas Carbendazim (Derosal, Bavistín, Curacarb) en dosis de 1.0 ce/1, Benomyl (Benlate) en dosis de 0,5 g/l, y Clorotalonil (Control 500) 2,5 ce/1, aplicados en rotación (Tamayo y Bernal, 2001).
1.8 Mancha mohosa del fruto (Moho verde): Cladosporium herbarum (pers.:Fr.) Link. Moniliales
Es una enfermedad de poca importancia económica en los cultivos de parchita en Colombia (Castaño, 1978; Ocampo et al., 1993). Se ha encontrado en cultivos de parchita ubicados en los Municipios de Urrao, Abriaquí, San Pedro de los Mila­gros y San Vicente de Antioquía.
El hongo presenta inicialmente un micelio hialino que después se torna de verde oliva a negro, con conidióforos ramificados y conidios terminales con una o dos células. Las temperaturas entre 13 y 20 °C favorecen el desarrollo de la enferme­dad. Este hongo sobrevive principalmente en residuos de cultivo; los conidios son diseminados por el viento, insectos y herramientas de trabajo. El hongo crece sobre la superficie del pedúnculo del fruto y avanza hacia la parte central cubriéndolo parcialmente, con una coloración verdosa que corresponde a su esporulación.
La enfermedad es favorecida por las condiciones de lluvias continuas y temperatu­ras bajas. La incidencia del hongo se aumenta con la presencia de moscas de las frutas que atacan flores, ya que las larvas causan heridas que favorecen la infec­ción por el hongo (Ocampo et a/., 1993).
Para facilitar el manejo de la enfermedad, se recomienda deshojar y retirar del cultivo hojas viejas, estructuras florales secas y frutos caídos. Para el control quí­mico se recomiendan aspersiones periódicas con fungicidas cúpricos y azufrados, que reducen su incidencia. Además, se deben realizar labores, como distancias de siembra que permitan la aireación del cultivo y establecimiento de las planta­ciones lejos de árboles o bosques que puedan ocasionar demasiado sombrío.
2. Enfermedades causadas por nemátodos. Nemátodos del nudo: Meloidogyne incognita
Según Tamayo (2001), el agente causal de las nudosidades de las raíces en los cultivos de la parchita en los departamentos de Antioquía, Quindío y Valle del Cauca es Meloidogyne incognita, perteneciente a la clase Secernentea; orden Tylenchida. Salazar y Toro (1993), citados por Tamayo (2001), describen la presen­cia de Meloidogyne javanica (Treub) en los departamentos de Valle del Cauca y Caldas.
El nématodo predispone las plantas a infecciones por Fusarium, Alternaría, Phytopthora, Vertícílliurri Rhizoctonia, Pseudomonas, Agrobacterium y otras. Este nemátodo se ubica en temperaturas que van de O a 40°C en el suelo. En América, se encuentra distribuido desde los 30° de latitud norte y los 35° de latitud sur y se va haciendo más común a medida que se aproxima al Ecuador (Berrio y Viví, 1997).
La raíz puede ser afectada en cualquier estado de desarrollo, incluso en las etapas de semillero y almácigo. En almácigos, las plantas sufren retrasos y los daños sólo se detectan al momento del transplante al sitio definitivo (Tamayo y Morales, 1999). El nemátodo ataca la raíz y produce engrosamiento y agallas en la parte afectada, lo que impide la absorción de agua y nutrientes (Berrio y Viví, 1997).
Las larvas penetran la raíz y con sus estiletes perforan las paredes de las células e inyectan secreciones de sus glándulas esofágicas. Estas secreciones causan un agrandamiento en el cilindro vascular. Las hembras están completa o parcial­mente incrustadas en la raíz del hospedero.
El control de Meloidogyne sp. debe ser preventivo, en las etapas de semillero y almácigo. Se debe desinfectar el suelo mediante el método de solarización húme­da o mediante el tratamiento químico con Basamid (Dazomet) en dosis de 40 a 60 g/m2 (Tamayo y Morales, 1999). La rotación de cultivos es otra práctica que puede contribuir al manejo de la enfermedad, aunque se debe evitar rotar con plantas de las familias Solanaceae, Rubíaceae, y Musaceae (Berrio y Viví, 1997).
La aplicación al suelo de algunos aislamientos de los hongos antagónicos corno: Verticilliwnclarnidosporium, Phaecliornyces illacinus, Metall úziurn anisoplae y Beauveria bass lana ha logrado reducir las poblaciones de nemátodos del género Meloidogyne spp. (Tamayo et al., 1999).
Para el control de Meloídogyne se han encontrado nemátodos predatores, tales como Mononchus, Mononchoides y Anatonchus (Berrio y Vivi, 1997). Para el control de nemátodos en Urrao, se utiliza Furadan 3G (Carbofuran) al momento de la siem­bra en dosis de 60 g/planta y luego, la misma dosis, cada 6 meses durante el primer año; la dosis se incrementa a 100 g/planta cada 6 meses, a partir del segundo año (Bernal, 1990).
La aplicación de materia orgánica contribuye a su control, pues reproduce nemátodos saprófitos (Berrio y Viví, 1997). Castro (2001) recomienda para su con­trol el uso de hidrolato de higuerilla, con aplicaciones en el semillero, el almácigo y la preparación del hoyo.
3. Enfermedades causadas por virus. Virus de la Hoja Morada, Anillado de la fruta: Virus Alargado y flexuoso (SMV)
Morales et al. (2001) caracterizaron en maracuyá, mediante pruebas serológicas, un virus del género Potyvirus; el cual, al ser comparada la secuencia genética con la base de datos del Banco Mundial de Genes, se constató que era una variante del virus del mosaico de la soya (SMV). El virus, igualmente, causa la enfermedad denominada 'hoja o mancha morada' en el cultivo de la parchita (Foto 4); esta información la confirman Tamayo et al. (2000) y Morales et al. (2001).
La virosis es una de las enfermedades de mayor incidencia e importancia en cultivos de parchita ya que ha reducido el área cultivada en Colombia (Chávez et al., 1999). El virus infecta 28 géneros de los cuales 23 son Papilionaceas, lo cual indica su amplia distribución (Berrio y VM 1997). Bernal y Tamayo (1999) repor­tan que en el Valle del Cauca el virus de la hoja disminuye hasta 10% los rendi­mientos y 30 a 50% la cantidad de fruta de primera calidad y exportación, respec­tivamente (Foto 5).
Tamayo y Morales (1999) describen que la virosis aparece en las hojas con lesio­nes estrelladas; a medida que crecen, se extienden a lo largo de las nervaduras y venas de las hojas, llegando a cubrir hasta formar grandes manchas moradas, púrpuras o rojizas, muy similares a los daños ocasionados por escaldadura o golpe de sol. En las hojas se observa clorosis, epinastia y nervaduras pigmentadas. Tamayo y Morales (1999) indican que la hoja presenta tonalidades de color morado a lo largo de las venas y nervaduras; en el haz, se observa un mosaico suave y un moteado clorótico; mientras que por el envés, se advierten lesiones entre rojizas y púrpuras.



Foto 4. Síntomas de virus en hoja
Foto 5. Síntoma de virus en fruto







Castro (2001) describe la enfermedad en el fruto como círculos anillados de colora­ción verdosa, que no afecta el contenido de sólidos solubles, pero sí la presenta­ción del fruto. Los insectos Aphis gossypii y Toxoptera citricida de la familia Papilíonaceas son vectores de la enfermedad (Chávez et ai., 1999), lo mismo que Coleopteros y Chrisomelidae (Morales et al., 2001).
Chávez et al. (1999) encontraron que la transmisión mecánica es una de las más importantes, causándola principalmente herramientas como tijeras podadoras y machetes. La transmisión de la virosis por semilla no ocurre en la familia passiflora.
Aún no se han encontrado productos químicos para el control de las enfermedades vírales. El control de este tipo de enfermedad debe ser de tipo preventivo, utilizan­do material vegetal libre de virus. Una de las prácticas más importantes y senci­llas es desinfectar las herramientas con hipoclorito de sodio. Se deben controlar vectores y mantener sólo arvenses nobles. En caso de encontrar una planta con los síntomas se debe eliminar inmediatamente (Tamayo y Morales, 1999).